martes, 27 de junio de 2017

SITUACIÓN

Anniversaire

En fin, no es fácil escribir de ti sin que me ponga nervioso, a este punto llega la fuerza de lo invisible, al menos, vos lo llamabas de esa manera. Sigo siendo un hombre mental y lo sabes, lo sabes hoy y lo supiste siempre.

Lo supiste la primera vez que hablamos de verdad, a corazón abierto frente al río esa tarde de invierno. Donde no nos importó congelarnos hasta la última pestaña.

¿Te acordas de las largas charlas en el bar de tu amigo Etienne? Yo era un aficionado del vino, amaba el Picpoul de Pinet, hecho en Languedoc, ¡cuántas cosas maravillosas hechas en Languedoc!, como vos, como el Picpoul de Pinet.

Odiabas el vino, me molestaba que me obligaras a tomar cerveza artesanal, me sentaba frente al vaso y fingía que el mal logrado gusto era alguna otra sustancia con un sabor de menor amargues, con un sabor de menor Pont Neuf. ¿Te acordas del Pont Neuf?

Éramos tan distintos, pero sin embargo, nos las arreglábamos para tocarnos la piel de una manera en la que nos burlábamos desde lo más alto de las palabras que nos separaban tanto, donde uno era puro pensamiento y el otro era completa reacción.

Amabas fumar, fumabas por todas las personas que no podían hacerlo, como yo. Lo hacías por horas mientras escuchábamos por elección “Jazz me blues” en la radio ó por obligación la pésima práctica de “Sueños de amor” de Liszt en piano del vecino del piso de arriba.

Reías, del vecino, reías por todo, reías porque en realidad escondías una tristeza profunda, porque no tuviste más remedio que alejarte de tu madre. 

Eras tan joven, éramos tan jóvenes, vos, inocente y enamorada, enamorada de mí y yo de ti. De tu cuerpo, tus riñas, de tu mal gusto en general. 

Las noches eran eternas cuando finalmente dormías, la tranquilidad, tu pelo, el arco dibujado en tu espalda. Tu aroma…

¿Qué significancia tenían las flores ante tu perfume? Hago esta pregunta y aún lo siento. Mi pluma pesa…

Y te abrazo. Te abrazo y te siento aún todavía en ese pasado. En el pasado, y en este futuro. En el futuro. En este, donde un absurdo bocinazo y el rayo de un farol te apartaron de mi lado. Y te fuiste. Te fuiste marcándome tu nombre para siempre.

Nanette. Ayer soñé nuevamente que me perdía en París, en la inmensidad ruidosa del laberinto de ribetes y ventanas, una luz me cegaba y en ella te buscaba. Te buscaba y te encontraba. Te encontraba esperándome junto a una fuente a que llegue exhausto de entre los jazmines.




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